El lenguaje ya no es lo que era. Nos sacaron de nuestra zona de confort para dar entrada a nuevos elementos. Una sopa de letras con acrónimos, abreviaturas y neologismos ha crecido en torno a la comunicación mediada por la tecnología para ayudarnos a ser entendidos. ¿Cómo hemos podido adaptarnos a tanto cambio en tan poco tiempo? La respuesta a continuación.
Vendiendo palabras. El negocio familiar de toda la vida
Desde tiempos inmemoriales mi familia se dedicó a la venta de palabras. También gritos y suspiros. Palabras de ilusión, palabras que en seguida te arrepentías de haberlas dicho, palabras que, rápidamente, iban en todas direcciones, palabras que hacen enamorarse, asustarse, reir, llorar…
Nos ha ido muy bien siempre a pesar de que, en muchas ocasiones, nos regatean los precios. Ha sido un trabajo con un catálogo bastante estable. Preguntas para los niños, historias repetitivas para los más mayores y para los de en medio, de todo un poco con momentos realmente memorables como ese discurso que vendimos a Martin Luther «He tenido un sueño», o esas citas que nunca se olvidan: «Solo sé que no se nada», cita socrático o el «Pienso luego existo» que vendimos a René.
Incluso vendimos palabras para un futuro lejano sabiendo que, en momentos de turbación, es difícil encontrar las adecuadas. Es el caso de «mi reino por un caballo» del rey inglés o el «ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor» que el mercenario francés dijo a Pedro I como disculpa en la disputa del trono de Castilla. No eludimos la publicidad pero la discrección es nuestra norma. Hemos aparecido alguna vez en prensa y en un cuento cuyas palabras vendimos a Cortázar.

Adaptándonos a los nuevos tiempos. Las Redes Sociales
Dentro de la estrategia de la empresa, organizábamos encuestas para conocer cuáles eran las palabras más relevantes en determinados aspectos. En una de ellas preguntábamos por las palabras más bonitas en español. Amor, paz, vida, libertad, esperanza, amistad, azahar y libélula, fueron las más votadas pero muy próxima a éstas, quedó «arroba». ¿Arroba?, ¿cómo que arroba? nos preguntamos. Era una palabra que vendimos en su día y que denominaba un símbolo @, que a su vez provenía de una caligrafía árabe y que se utiliza actualmente en las direcciones de correo electrónico y como letra mixta, «a» y «o», para indicar los dos géneros, femenino y masculino, a la vez.
Este hecho nos estaba diciendo que este nuevo universo tecnológico, dónde se enclavan las redes sociales, se estaba haciendo sentir en el lenguaje cotidiano y que era necesario, no solo la introducción de nuevas palabras sino, dar nuevos significados a las antiguas porque la forma en la que nos comunicamos estaba cambiando.
Manos a la obra. Los cambios que han provocado las Redes Sociales
Empezamos a crear y vender acrónimos, abreviaturas y neologismos que nos ayudan a ser entendidos y a acelerar una conversación escrita en tiempo real. En los teléfonos móviles, minimizan la inconveniencia de escribir con teclados pequeños. Y en Twitter ayudan a aprovechar al máximo sus caracteres. No obstante pusimos límite en las cantidades a utilizar ya que si bien un emoticono o un acrónimo agregan elementos útiles de comunicación no verbal, pueden molestar con su uso excesivo.
Un elemento clave para la nueva sintaxis, el hashtag
El hashtag es un elemento importante en la sintaxis de Twitter. Había que clasificar los tweets y lo creamos para ello. Los Hashtags también se han extendido a otras plataformas de redes sociales, e incluso han llegado al habla cotidiana aunque frenaremos su venta para que nos disuada de usarlos con demasiada frecuencia. Pero encontrarás actualmente hashtags en toda la cultura popular, desde tarjetas de felicitación y camisetas hasta en monólogos del Club de la Comedia.
Sintaxis a un lado, las redes sociales también han provocado una revolución más sutil en la forma en que nos comunicamos. Compartimos más información personal, pero también nos comunicamos con un público más amplio. Nuestros estilos de comunicación en consecuencia se vuelven más informales y más abiertos, y esto se filtra en otras áreas de la vida y la cultura. Al escribir en las redes sociales, también somos más concisos y más rápidos.

A las palabras comunes les dimos nuevos significados
En esta nueva forma de comunicación también utilizamos palabras de toda la vida, como amigo, estado, muro, página y perfil y las dotamos de nuevo significado. Otros significados novedosos que surgen en los canales de las redes sociales también reflejan el lado oscuro: un troll ya no es solo un temible miembro de una mítica raza antropomorfa del folclore escandinavo, sino alguien que hace comentarios ofensivos o provocativos en línea; un zombie, aparte de su significado normal, es también un seguidor falso y el astroturfing ya no es simplemente una marca de cesped sintético sino también la creación falsa de un hecho que aparenta ser real.
El futuro a corto plazo del lenguaje. Seguirá la evolución
Las redes sociales hacen que sea más fácil que nunca contribuir a la evolución del lenguaje. Ya no venderemos palabras solo a los de siempre para llevar las tendencias de las palabras a la atención de la gente. Llevamos mucho tiempo modificando el lenguaje y las redes sociales son un vehículo estupendo para que la gente se interese por el mismo. Para la generación más joven, los maestros del idioma son los que están en las redes sociales, en YouTube, Facebook, Twitter,…. Por ello, según la Fundación del Español Urgente, cuanto mejores sean las palabras que vendamos para utilizar en las redes sociales, mejor será el español que hablen las generaciones futuras.
En este relato, todo parecido con la realidad es pura coincidencia pero algunas de las palabras que hemos vendido a Juan para hacer este post, resonarán en cualquier lugar cuando ninguno de nosotros esté.
