Siempre me intrigó, y admiró, cómo ciertas personas a base de humildad son capaces de conseguir grandes cosas. José Múgica, expresidente de Uruguay, Joan Manuel Serrat, el escritor Eduardo Mendoza, son ejemplos de este tipo de personas que llegan muy lejos andando sin hacer ruido. No se vanaglorian de sus éxitos, quizás ni se den cuenta de que los tienen.

Los científicos
Pareciera que la humildad no sólo es buena para este mundo; resulta también práctica.
Aunque las personas de ciencia empiezan a darse importancia y a llevarse dinero de las farmaceúticas, antiguamente no era así y se hablaba de la humildad del científico.
Resultaba difícil creer que una persona capaz de modificar montañas y domar las aguas, de dominar enfermedades y alargar los brazos hacia las estrellas, fuera en realidad una persona tranquila que sólo pide que le permitan mantener su inofensivo pasatiempo, que le permitan hacer caso de lo que le dicta su olfato. Cuando un hombre divide una minúscula partícula y pone el universo, como consecuencia de ello, patas arriba, resulta difícil darse cuenta de que, para quien lo ha hecho, lo que era importante es la división de esa pequeña partícula, y el caos del universo una insignificancia.

La humildad no se predica
Era su inconsciencia lo que lo hacía convincente; casi podría decirse que era su desinterés. Una pena que esa mente infantil y prosaica esté empezando a escasear en el mundo de la ciencia. La paradoja de la humildad es que cuando se manifiesta, se desvirtúa y desaparece. La frase “en mi humilde opinión” no es más que nuestro orgullo disfrazado. La verdadera práctica de esta virtud no se predica, se practica. En caso de existir, son los demás quienes la ven, nunca uno mismo.
¿Qué hace la persona humilde?
Por tanto, es la persona humilde la que hace grandes cosas. Es la persona humilde la que hace cosas atrevidas. Es la persona humilde a quien se le presentan las visiones más espectaculares.
Y ello es así por tres razones obvias; en primer lugar, porque abre los ojos más que cualquier otra persona para observar. En segundo lugar, porque se siente más impresionado y feliz cuando llegan; y en tercer lugar, porque las registra fielmente y con sinceridad, las adultera menos con su yo cotidiano, sometido a más prejuicios y a un mayor engreimiento. Las aventuras las viven quienes menos las esperan; en ese sentido, las aventuras las viven los menos aventureros.

Suprimiendo la noción de mérito
Lo cierto es que no hay nada por lo que el hombre esté dispuesto a hacer
un esfuerzo tan hercúleo que por las cosas que sabe que no merecen la pena. No ha existido nunca un hombre enamorado que no se declarara dispuesto a consumar su deseo, aunque pudiera perder la vida. Al suprimir toda noción de mérito o pago, el alma se ve de pronto libre para emprender viajes increíbles.
Haciendo el mundo más grande
Pudiera parecer que la humildad nos empequeñece y efectivamente es así. Cuanto más pequeños nos volvamos el mundo será mucho más grande. Tendremos un mundo enorme frente a aquellos que lo reducen a pocos conceptos grandilocuentes derivados de su sabiduría orgullosa.

Las herramientas creativas y la humildad
Para utilizar las herramientas creativas que podéis ver en esta web, se necesita humildad. Cualquier actitud prepotente, que fuerce una solución, hará fracasar nuestro esfuerzo.
Si consideramos la herramienta relativa al azar, la palabra escogida debe escogerse realmente al azar, no buscando asociaciones predeterminadas.
Si utilizamos la eliminación, debemos eliminar algo esencial para lo que no tengamos soluciones previas.
Al utilizar las herramientas creativas solo tienes que abrir bien los ojos, dejarte impresionar como un niño y no vanagloriarte de lo que consigues.
Confiemos, en la humildad. Nos llevará por escenarios y aventuras inesperadas.
